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Frases míticas de la Facultad

La época universitaria suele ser la mejor de nuestras vidas. La mía estuvo llena de fiestas, viajes, aprendizaje, estudio y muy buenos momentos. Y algo mítico en esta época son las frases de nuestros profesores, ¿o no?

Casi siempre son frases que nos sirven de “chiste” con nuestros compañeros, pero a veces se convierten, con el tiempo, en citas que no paramos de usar y que nos sirven como consejos que damos y que nos aplicamos en nuestra profesión.

Me gustaría recordar algunas de esas frases, de las que más me sorprendo a mí misma repitiendo cada vez que hablo de traducción.

Los que estudiaron en la UGR, además, seguramente reconocerán muchas y se pueden [volver a] echar unas risas recordándolas.

1)      Los traductores somos aprendices de todo y expertos en nada. Creo que esta frase la pronunciaron alrededor de un 80% de los profesores que tuve en la carrera. No es estrictamente cierta, porque sé que hay muchos traductores que sí son expertos en informática, en medicina o en cualquier otra rama en la que se hayan especializado y en la que hayan centrado su profesión. Pero tenemos que reconocer que la mayoría de nosotros traducimos o hemos tenido que traducir textos de muy diversa índole y eso nos hace saber un poco [pero no mucho] de genética, otro poco [pero no suficiente] de historia, otro poco [pero sin pasarse] de arte prerrománico y otro poco [muy muy poco] de una especie de plantas que solo crece en Sudáfrica. Y también hace que nadie quiera jugar con nosotros al trivial porque siempre ganamos, jeje.

2)      Hay que ser buen traductor, pero también parecerlo. Bueno, esto está bastante claro. La imagen lo es todo. Y nosotros tenemos que dar buena imagen ante nuestros clientes. Yo aquí incluiría presentar presupuestos y facturas en condiciones, tener un correo electrónico que suene “serio” (nada de sexycat@xxx.com), cuidar la ortografía y el lenguaje de cualquier correo electrónico que enviemos al cliente, aunque solo sea para confirmar la fecha de entrega, ser puntuales y entregar un trabajo limpio, tanto en redacción como en la presentación física (por ejemplo, si realizamos una traducción jurada y la tenemos que enviar en formato papel, no vayamos a enviarla en un sobre sucio y arrugado; si podemos imprimir nuestros datos o logotipo en el sobre o usar etiquetas, mucho mejor).

3)      Si traduces a esa velocidad, mejor dedícate al encaje de bolillo.
Sí, así es esta profesión (y de forma tan clara nos lo expresaba cierto profesor): hay que traducir bien y además rápido. No vale (o no debería) poseer solo una de las dos cualidades. Si traduces rápido pero mal, olvídate, porque perderás clientes y seguramente dinero. Y si traduces de forma excelente pero muy lento, pues es una pena, pero seguramente no podrás cumplir con los plazos de entrega tan estrictos que exige este mundo. Así que el encaje de bolillo, según este profe, es una opción.

4)    La traducción es la SEGUNDA profesión más antigua del mundo (véase también, by el mismo profesor, “Los traductores somos las meretrices de la comunicación”). Ahí estamos, señoras y señores, codeándonos en el ránking con los mejores.

5)     San Google y ChorRAE. Así es; según esta profesora debíamos pasar un poco de si algunos términos no aparecían en la ChorRAE, pero debíamos venerar a San Google porque gracias a él y a su búsqueda avanzada encontraríamos casi cualquier cosa.

Se aceptan opiniones…

6)    Ah… Haber elegido muerte… Creo que todos mis colegas de la FTI de Granada conocerán esta frase. El profesor venía a decir que sí, que a veces traducimos a contratiempo, a veces no nos gusta el tema que traducimos, a veces estamos encerrados en casa sin salir y sin dormir durante una semana…pero eso ya lo sabíamos, ya nos lo avisaron, y aún así quisimos ser traductores.

Así que no nos quejemos. Si no os gusta, haber elegido muerte 😉

Y de paso, un saludo a todos los compañeros que compartieron risas (y lágrimas, o nervios, o preocupación o incertidumbre) en la Facultad de Granada.

It’s gonna be a sit-down dinner!


Anoche, viendo una película estadounidense en versión original, me resultó curiosa una expresión que utilizaron.

Os pongo en situación: dos familias vecinas nunca han tenido relación; empiezan a hacer un intento porque haya un acercamiento entre ellos, ya que sus hijos tienen la misma edad, van al mismo colegio, etc, etc.

Una de las madres le comunica a su familia que ya está decidido, que digan lo que digan esa noche va a invitar a cenar a los vecinos, que tienen que conocerse. Y que no se crean que será fácil. “It’s gonna be a sit-down dinner”, dice, amenazante. Los hijos la miran como diciendo: “¿de verdad? ¿Que nos vamos a tener que SENTAR a CENAR con esos desconocidos, dar conversación y alternar? Insoportable”…

Y es, de hecho, si no insoportable, algo inútil en algunas culturas. En España, de momento, ni siquiera necesitamos una expresión como tal. Una cena o una comida es lo que es: todos juntos y sentados, con aperitivo y sobremesa si se puede, claro que sí.

Soy consciente de que en estos tiempos y por el cambio de rutina, los horarios de trabajo, etc, a veces esto resulta difícil. Pero no tanto como para que hagamos distinción o especifiquemos que la comida o la cena tienen que ser “sentados” (tapear, por si alguien lo está pensando, es tooda una cultura diferente, y merecería un post aparte).

Esto me hace pensar qué haría yo como traductora si me encontrase esa expresión en un texto. Lo traduciría como “cena”, sin más. He leído en algún lado “cena formal”, pero me consta que una “sit-down dinner” no implica en ningún caso que sea formal. Quizá lo complicado vendría para un traductor de doblaje que tuviese que adecuar la traducción a la imagen y su duración; “cena”, claro está, se quedaría corto ante “sit-down dinner”.

Pero volviendo al tema cultural, recuerdo con gracia como, cuando viví en EEUU, comiendo con amigos estadounidenses y de otros sitios de Europa, al terminar de comer todos ellos (a excepción de los mexicanos y los españoles) se ponían muy nerviosos si nos quedábamos hablando en la mesa, sin más. Decían: “pero si ya hemos comido, ¿qué hacemos aquí?”. Era este tipo de choque irreconciliable: nosotros nunca entenderíamos sus prisas por marcharse, ni ellos la poca utilidad de quedarse en la mesa si ya nos lo habíamos comido todo. Ni ganas.

Lo expresa de forma muy gráfica (y graciosa, como casi siempre) la definición del término que hace el Urban Dictionary:

Sit-down dinner: 45 minutes of pure torture by food alone […].
Ex: The thought of sit down dinner makes me sick.

Tiene gracia, ¿verdad?

Es el encanto de la variedad cultural.