Archivo para 26 abril 2011

Frases míticas de la Facultad

La época universitaria suele ser la mejor de nuestras vidas. La mía estuvo llena de fiestas, viajes, aprendizaje, estudio y muy buenos momentos. Y algo mítico en esta época son las frases de nuestros profesores, ¿o no?

Casi siempre son frases que nos sirven de “chiste” con nuestros compañeros, pero a veces se convierten, con el tiempo, en citas que no paramos de usar y que nos sirven como consejos que damos y que nos aplicamos en nuestra profesión.

Me gustaría recordar algunas de esas frases, de las que más me sorprendo a mí misma repitiendo cada vez que hablo de traducción.

Los que estudiaron en la UGR, además, seguramente reconocerán muchas y se pueden [volver a] echar unas risas recordándolas.

1)      Los traductores somos aprendices de todo y expertos en nada. Creo que esta frase la pronunciaron alrededor de un 80% de los profesores que tuve en la carrera. No es estrictamente cierta, porque sé que hay muchos traductores que sí son expertos en informática, en medicina o en cualquier otra rama en la que se hayan especializado y en la que hayan centrado su profesión. Pero tenemos que reconocer que la mayoría de nosotros traducimos o hemos tenido que traducir textos de muy diversa índole y eso nos hace saber un poco [pero no mucho] de genética, otro poco [pero no suficiente] de historia, otro poco [pero sin pasarse] de arte prerrománico y otro poco [muy muy poco] de una especie de plantas que solo crece en Sudáfrica. Y también hace que nadie quiera jugar con nosotros al trivial porque siempre ganamos, jeje.

2)      Hay que ser buen traductor, pero también parecerlo. Bueno, esto está bastante claro. La imagen lo es todo. Y nosotros tenemos que dar buena imagen ante nuestros clientes. Yo aquí incluiría presentar presupuestos y facturas en condiciones, tener un correo electrónico que suene “serio” (nada de sexycat@xxx.com), cuidar la ortografía y el lenguaje de cualquier correo electrónico que enviemos al cliente, aunque solo sea para confirmar la fecha de entrega, ser puntuales y entregar un trabajo limpio, tanto en redacción como en la presentación física (por ejemplo, si realizamos una traducción jurada y la tenemos que enviar en formato papel, no vayamos a enviarla en un sobre sucio y arrugado; si podemos imprimir nuestros datos o logotipo en el sobre o usar etiquetas, mucho mejor).

3)      Si traduces a esa velocidad, mejor dedícate al encaje de bolillo.
Sí, así es esta profesión (y de forma tan clara nos lo expresaba cierto profesor): hay que traducir bien y además rápido. No vale (o no debería) poseer solo una de las dos cualidades. Si traduces rápido pero mal, olvídate, porque perderás clientes y seguramente dinero. Y si traduces de forma excelente pero muy lento, pues es una pena, pero seguramente no podrás cumplir con los plazos de entrega tan estrictos que exige este mundo. Así que el encaje de bolillo, según este profe, es una opción.

4)    La traducción es la SEGUNDA profesión más antigua del mundo (véase también, by el mismo profesor, “Los traductores somos las meretrices de la comunicación”). Ahí estamos, señoras y señores, codeándonos en el ránking con los mejores.

5)     San Google y ChorRAE. Así es; según esta profesora debíamos pasar un poco de si algunos términos no aparecían en la ChorRAE, pero debíamos venerar a San Google porque gracias a él y a su búsqueda avanzada encontraríamos casi cualquier cosa.

Se aceptan opiniones…

6)    Ah… Haber elegido muerte… Creo que todos mis colegas de la FTI de Granada conocerán esta frase. El profesor venía a decir que sí, que a veces traducimos a contratiempo, a veces no nos gusta el tema que traducimos, a veces estamos encerrados en casa sin salir y sin dormir durante una semana…pero eso ya lo sabíamos, ya nos lo avisaron, y aún así quisimos ser traductores.

Así que no nos quejemos. Si no os gusta, haber elegido muerte 😉

Y de paso, un saludo a todos los compañeros que compartieron risas (y lágrimas, o nervios, o preocupación o incertidumbre) en la Facultad de Granada.

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Los timos en la traducción: Parte II

2)      El timo surrealista. (Estos no quieren la traducción, solo dinero. Y volverte un poco loca, también)
Caso: Un día me escribe una persona X pidiéndome una traducción. Es para un proyecto personal, no es para ninguna empresa, agencia, etc. No me resulta raro porque, como muchos, me anuncio en mi página web y es simplemente un particular que me ha encontrado y necesita traducir algo. ¡Ah! El cliente es extranjero. Me presenta un proyecto considerable, y yo le ofrezco un presupuesto, la verdad, bastante alto.
Me lo acepta sin rechistar, y además me da un plazo larguísimo de entrega. Pero, me pide mi dirección para ingresarme un cheque con el importe total la semana siguiente. Empecé a sospechar cuando vi que ni me ponía pegas en el precio, ni me pedía la traducción para ayer, y además se ofrecía a pagarme ya. Pero pensé: ¿qué tipo de timo es este? Si yo no recibo el dinero, no empiezo a traducir, y punto. Total, él ha puesto esas condiciones, no yo.
Una semana después, efectivamente, recibo un cheque. Pero un cheque de 3000 libras más de lo que yo le pedí en mi presupuesto. Yo ya me estoy imaginando mis próximas vacaciones en el Caribe cuando despierto y digo: esto no puede ser. No tiene sentido. Si yo voy al banco y me dicen que el cheque no tiene fondos, pues no traduzco. No entendía qué ganaban ellos con eso, ya que todo estaba pasando antes de que yo enviase mi traducción (que, según yo, es lo que querían). Pues bien, voy al banco y me dicen que en principio parece un cheque completamente legal, pero al venir de un banco extranjero, tardan como un mes en comprobarlo y en ingresarme el importe del mismo.
En fin, después de todos estos sinsentidos continuados, descubro en qué consiste el timo: como una semana después (y antes de que mi banco me diga si el cheque tiene fondos o no y/o me pueda entregar el dinero), me escribe el cliente diciéndome que se ha confundido en el importe, y me suplica que por favor le ingrese la diferencia porque lo necesita ya para el proyecto que está llevando a cabo. Que, total, tú en un par de semanas tendrás todo el dinero y así lo recuperarás. Claro.
¿Qué hacer ante esto? Pues no ser tonto/a. Obviamente, en éste no caí. No iba a devolver nada antes de recibirlo yo. Pero supongo que algunas personas deben haber caído, cuando esta gente se toma la molestia de hacer un cheque, enviártelo certificado al país de donde seas y gastarse, aunque sea algo mínimo, en preparar su jugada. Alguna vez tiene que haberles salido bien.

 Después de estas desventuras, he aprendido aunque sea un poco, y voy con mucho más cuidado. Así que si aceptáis algunos consejos de como reconocer o evitar trabajar gratis, ahí van: 

1)      Siempre que un cliente se ponga en contacto con vosotros, buscadle. Por su dirección de correo electrónico, su nombre, la empresa en la que trabaja, o como sea.

2)      Si el cliente es extranjero y te escribe en un pésimo inglés, o si escribe desde una dirección de corre electrónico de dominio gratuito, desconfía. Puedes pegar el e-mail entero en Google y buscarlo. En el segundo de los casos que he contado, hice eso, sabiendo ya que era un timo, y me encontré el e-mail tal cual en un foro de quejas.

3)      Cuando son agencias, siempre puedes buscarlas en el Blue Board de Proz.com, o en muchos otros foros o grupos que sirven precisamente para verificar la fiabilidad de empresas y clientes.

4)      Que no os de miedo pedir información de más a los clientes, que os paguen un porcentaje por adelantado si es una traducción muy extensa o incluso hacerles firmar algún documento de colaboración, en el que aparezcan su CIF y sus datos de facturación. Siempre puedes decirles muy amablemente que es simplemente tu política de trabajo. Si es un cliente serio, no le importará.

 

Y por último os invito a aportar cualquier mala experiencia que hayáis tenido al respecto, o consejos sobre cómo evitarlas. Para que la historia, aunque sea esta, no se repita.

Los timos en la traducción: Parte I

Cuando nos hablan de timos, en cualquier ámbito, pensamos que nunca vamos a caer en ellos. Como cuando vemos a esos abuelitos que salen en las noticias contando cómo les engañaron en la venta de tal producto o en una suscripción o en cualquier otra cosa.

Pero esta es la historia de cómo a pesar de eso, caemos. O al menos yo caigo, he caído ya varias veces. También tengo que decir (a mi favor?¿) que soy una persona muy ilusa. Cosa que os va a quedar muy clara después de leer lo que os voy a contar, desde luego. Así que lo cuento sin demasiado orgullo y más bien con bochorno, pero con la esperanza de prevenir a mis compañeros traductores ilusos del mundo.

Pues bien, voy a dividir los timos en dos tipos:

1) El timo convencional (Alguien que quiere una traducción pero no la quiere pagar. Ja. Pues sí. ).

Caso: Un día recibes un correo electrónico hablándote de un proyecto de traducción. Sigues los pasos convencionales: le presentas un presupuesto, te lo acepta, y empiezas a traducir. Hay una comunicación fluida entre traductor y cliente. Además es un proyecto de localización de un programa de inglés a muchos idiomas. El cliente te va enviando guías de estilo, notas con correcciones hechas a los traductores de las otras lenguas, guías de uniformidad, etc. Llega la fecha de entrega y envías tu traducción. Te responde al cabo de un par de días con unas cuantas correcciones que quiere que hagas. Las haces y se las envías. Te responde dándote el OK; todo está correcto. Y después de eso…nada. Sin noticias. Así, cual un personaje Orwelliano en “1984”, el cliente desaparece por completo. No tenemos forma de contactar con él, ni ninguna prueba con la que tomar la vía legal.
¿Qué hacer ante esto? Yo no hice nada. Vi la causa perdida antes de empezarla. No le había hecho factura (porque me dijo que no era necesario, y no entendí nada sospechoso en eso). Pero si a alguien se le ocurre qué hacer, estoy abierta a todo.

Variantes: Aquí también nos podemos encontrar con agencias de traducción españolas, súper conocidas por todos, con las que trabajas con presupuestos, facturas, etc, pero nunca te pagan. No desaparecen del mapa, pero te dan largas y excusas de lo más estúpidas. En este caso “juegan” con el hecho de que muchos traductores, si sólo les deben una factura de 50€, no quieren ni perder el tiempo en emprender acciones legales contra ellos.

¿Os veis reflejados en esta situación? Espero de verdad que no, aunque creo que este tipo de timo es algo común y puede habernos pasado a todos.
Me retiro a deliberar una forma decente de hablaros del otro tipo de timos; en la segunda parte de esta entrada. Muchos saludos bloggeros.

Una idea errónea sobre las tarifas (que las agencias nos hacen creer)

El tema de las tarifas aparece en casi todos los blogs de traducción que he leído. Siempre es interesante leer las opiniones de los colegas y sus propias experiencias así que, aunque a riesgo de repetirme, me gustaría expresar mi punto de vista al respecto.

Hablo como alguien que hasta hace no mucho ha aceptado tarifas bastante pobres con tal de conseguir “empezar” o “meterme” dentro del mundo de la traducción como autónoma.

En concreto, hay un punto que se ha repetido en mi experiencia con muchas agencias, y que he creído válido durante largo tiempo. Afortunadamente, creo, hace poco abrí los ojos y empecé a ver ese mismo tema desde otro ángulo.

Seguro que a muchos de vosotros os ha pasado: Una agencia de traducción os envía un proyecto y os pide tarifas. Les respondéis con unas razonables y os vuelven a escribir diciéndoos que se les sale de presupuesto; que lo máximo que os pueden pagar es X (las tarifas más míseras que os podáis imaginar, y seguro que podéis); pero os piden que lo hagáis ya que, aunque ellos son conscientes de que es poco y entienden y valoran vuestro trabajo, prometen enviaros muchos proyectos; con lo cual, aunque sea poco dinero, traduciendo tanto volumen, os saldrá rentable.

Pues bien, yo digo: ¿me estás diciendo que porque me vas a mandar mucho trabajo me vas a pagar menos? Porque siempre me había parecido lógico, como dije antes, pero ahora pienso: “No tiene sentido. Si me vas a mandar mucho trabajo, entonces deberías pagarme más, porque eso significará dedicar la mayor parte de mi tiempo a traducir para vosotros, así que no me quedará tiempo para aceptar otros trabajos de otros clientes que (quién sabe), podrían pagarme más”. Un gran volumen de trabajo exige casi casi exclusividad, y la exclusividad tienen que pagarla.

Yo, desde luego, he decidido no perder más mi tiempo traduciendo miles de palabras a muy pocos céntimos. Seguro que en el tiempo libre que me queda, algún otro cliente puede aparecer que me pague algo más decente.

¿No creéis?