“traducir es escribir; escribir es siempre traducir y ambas cosas son vivir”

Es una bonita frase para inaugurar este blog, creo. No es mía, compañeros; ojalá fuese mía; pero no estoy yo tan poética a estas horas de la mañana en las que escribo.

Esta frase la pronunció el escritor luso Lobo Antunes en la charla que dio en el Instituto Cervantes de Madrid, inaugurando con ella el ciclo (que aún está activo) sobre traducción que se está llevando acabo. “Escribir y traducir desde… (Portugal, el País Vasco, Galicia, Cataluña, etc)”, pasando por varios espacios del territorio ibérico que cuentan con lenguas propias.

Lobo Antunes, en su conferencia, se centró en un tema que no por muy repetido entre traductores deja de interesarme: el carácter creador del traductor (del traductor en general, y del traductor literario en particular), el traductor como autor y no como mero “copista” de un mensaje de una lengua a otra. Quizá solamente me interesa porque me hace sentir que pertenezco a una profesión exclusiva y especial. Es como decirles a los que alguna vez nos han dicho: “oye, pero tú esto me lo traduces en un momento, ¿no? Si ya sabes inglés, solo lo copias en español y ya está”, “pues mira, no, que yo no solo conozco otro idioma, lo leo, y vomito en español lo que estoy leyendo en inglés, no. Que si traduzco una novela de X autor tengo que hacerlo con un estilo, un tono y un ritmo determinados; que tengo que cargar las palabras de música y de significado y, aunque quizá nunca te vaya a sonar mi nombre o el de otro traductor, tu autor favorito es X porque has leído una buenísima traducción de un colega de profesión”. Me recreo en el momento de soltarle todo eso a alguien, la verdad.

Pero a lo que iba, más o menos lo mismo me hace sentir sentarme a escuchar a alguien como Lobo Antunes hablar de esa forma de los traductores.  Según él, la traducción es la forma de adentrarse en “las profundidades secretas a las que no se tiene acceso habitualmente”, aunque también afirma que hay algo que es imposible traducir, y es la malicia de la lengua original. Me encantó esa frase, y no porque la crea 100% cierta, solo por todo lo que me hizo pensar… pero ya hablaré en otra ocasión de lo traducible y lo intraducible.

Aún así, todavía hay compañeros que son muy negativos al respecto, y se quejan de lo poco estimada que está nuestra profesión. No les quito razón, pero yo sinceramente creo que vamos por el buen camino, que cada vez más personas ven la traducción como una profesión seria. Además, pienso que está en nuestras manos darle prestigio a lo que hacemos y que durante un tiempo hemos pecado de modestia. Así que, para compensarlo, no veo por qué no deberíamos pecar ahora de lo contrario. A mí me encanta hablarle a alguien de lo guay que es traducir, lo difícil y lo importante que resulta en casi cualquier ámbito. Por muy pocas que sean las personas que reaccionan como si acabase de abrirles los ojos a algo en lo que nunca habían caído (aunque otros me digan que sí que somos pesados los traductores…), me doy por satisfecha.

Es mi pequeño granito de arena.

Saludos a todos y bienvenidos a mi blog.

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