Archivos para 31 marzo 2011

It’s gonna be a sit-down dinner!


Anoche, viendo una película estadounidense en versión original, me resultó curiosa una expresión que utilizaron.

Os pongo en situación: dos familias vecinas nunca han tenido relación; empiezan a hacer un intento porque haya un acercamiento entre ellos, ya que sus hijos tienen la misma edad, van al mismo colegio, etc, etc.

Una de las madres le comunica a su familia que ya está decidido, que digan lo que digan esa noche va a invitar a cenar a los vecinos, que tienen que conocerse. Y que no se crean que será fácil. “It’s gonna be a sit-down dinner”, dice, amenazante. Los hijos la miran como diciendo: “¿de verdad? ¿Que nos vamos a tener que SENTAR a CENAR con esos desconocidos, dar conversación y alternar? Insoportable”…

Y es, de hecho, si no insoportable, algo inútil en algunas culturas. En España, de momento, ni siquiera necesitamos una expresión como tal. Una cena o una comida es lo que es: todos juntos y sentados, con aperitivo y sobremesa si se puede, claro que sí.

Soy consciente de que en estos tiempos y por el cambio de rutina, los horarios de trabajo, etc, a veces esto resulta difícil. Pero no tanto como para que hagamos distinción o especifiquemos que la comida o la cena tienen que ser “sentados” (tapear, por si alguien lo está pensando, es tooda una cultura diferente, y merecería un post aparte).

Esto me hace pensar qué haría yo como traductora si me encontrase esa expresión en un texto. Lo traduciría como “cena”, sin más. He leído en algún lado “cena formal”, pero me consta que una “sit-down dinner” no implica en ningún caso que sea formal. Quizá lo complicado vendría para un traductor de doblaje que tuviese que adecuar la traducción a la imagen y su duración; “cena”, claro está, se quedaría corto ante “sit-down dinner”.

Pero volviendo al tema cultural, recuerdo con gracia como, cuando viví en EEUU, comiendo con amigos estadounidenses y de otros sitios de Europa, al terminar de comer todos ellos (a excepción de los mexicanos y los españoles) se ponían muy nerviosos si nos quedábamos hablando en la mesa, sin más. Decían: “pero si ya hemos comido, ¿qué hacemos aquí?”. Era este tipo de choque irreconciliable: nosotros nunca entenderíamos sus prisas por marcharse, ni ellos la poca utilidad de quedarse en la mesa si ya nos lo habíamos comido todo. Ni ganas.

Lo expresa de forma muy gráfica (y graciosa, como casi siempre) la definición del término que hace el Urban Dictionary:

Sit-down dinner: 45 minutes of pure torture by food alone […].
Ex: The thought of sit down dinner makes me sick.

Tiene gracia, ¿verdad?

Es el encanto de la variedad cultural.

“traducir es escribir; escribir es siempre traducir y ambas cosas son vivir”

Es una bonita frase para inaugurar este blog, creo. No es mía, compañeros; ojalá fuese mía; pero no estoy yo tan poética a estas horas de la mañana en las que escribo.

Esta frase la pronunció el escritor luso Lobo Antunes en la charla que dio en el Instituto Cervantes de Madrid, inaugurando con ella el ciclo (que aún está activo) sobre traducción que se está llevando acabo. “Escribir y traducir desde… (Portugal, el País Vasco, Galicia, Cataluña, etc)”, pasando por varios espacios del territorio ibérico que cuentan con lenguas propias.

Lobo Antunes, en su conferencia, se centró en un tema que no por muy repetido entre traductores deja de interesarme: el carácter creador del traductor (del traductor en general, y del traductor literario en particular), el traductor como autor y no como mero “copista” de un mensaje de una lengua a otra. Quizá solamente me interesa porque me hace sentir que pertenezco a una profesión exclusiva y especial. Es como decirles a los que alguna vez nos han dicho: “oye, pero tú esto me lo traduces en un momento, ¿no? Si ya sabes inglés, solo lo copias en español y ya está”, “pues mira, no, que yo no solo conozco otro idioma, lo leo, y vomito en español lo que estoy leyendo en inglés, no. Que si traduzco una novela de X autor tengo que hacerlo con un estilo, un tono y un ritmo determinados; que tengo que cargar las palabras de música y de significado y, aunque quizá nunca te vaya a sonar mi nombre o el de otro traductor, tu autor favorito es X porque has leído una buenísima traducción de un colega de profesión”. Me recreo en el momento de soltarle todo eso a alguien, la verdad.

Pero a lo que iba, más o menos lo mismo me hace sentir sentarme a escuchar a alguien como Lobo Antunes hablar de esa forma de los traductores.  Según él, la traducción es la forma de adentrarse en “las profundidades secretas a las que no se tiene acceso habitualmente”, aunque también afirma que hay algo que es imposible traducir, y es la malicia de la lengua original. Me encantó esa frase, y no porque la crea 100% cierta, solo por todo lo que me hizo pensar… pero ya hablaré en otra ocasión de lo traducible y lo intraducible.

Aún así, todavía hay compañeros que son muy negativos al respecto, y se quejan de lo poco estimada que está nuestra profesión. No les quito razón, pero yo sinceramente creo que vamos por el buen camino, que cada vez más personas ven la traducción como una profesión seria. Además, pienso que está en nuestras manos darle prestigio a lo que hacemos y que durante un tiempo hemos pecado de modestia. Así que, para compensarlo, no veo por qué no deberíamos pecar ahora de lo contrario. A mí me encanta hablarle a alguien de lo guay que es traducir, lo difícil y lo importante que resulta en casi cualquier ámbito. Por muy pocas que sean las personas que reaccionan como si acabase de abrirles los ojos a algo en lo que nunca habían caído (aunque otros me digan que sí que somos pesados los traductores…), me doy por satisfecha.

Es mi pequeño granito de arena.

Saludos a todos y bienvenidos a mi blog.